
El Gordo de Megaupload es malo. El Gordo de Megaupload es MUY MALO. Ha estafado en la bolsa, colecciona coches de lujo y vive en una mansión de supervillano en Nueva Zelanda. En esa fortaleza mata las horas sentado en un sillón giratorio, acariciando un gato sin pelo y esperando a que llegue la policía para explicarles sus planes malvados y, entonces, activar una trampa que los aniquilará mientras él se jacta con una atronadora risa en reverb.
¿Tienes miedo? ¿No? Pues deberías. Porque el Gordo de Megaupload es un gordo cabrón. Cuando sus sicarios detectan alguna cancioncilla peligrosamente mantecosa, corren raudos a colgarla en Megaupload (que en inglés significa Fortaleza del Mal Malísimo Malvado, o eso me dijeron en la ESO) para que todo el mundo se contamine. Sin Megaupload, Michel Teló, autor de Ai se eu te pego, continuaría recibiendo botellazos en los bares cutres de su Portugal natal. Por malo. Por cursi. Porque su música representa todo lo malo del mundo.
Pero afortunadamente, los chicos del FBI ya han detenido al gordo y han cerrado Megaupload. Hombres decentes, patriotas de mandíbulas recias y sienes plateadas, talibanes de la libertad y padres de familia que pagan religiosamente sus impuestos. El sargento John MacBadass y el detective George Motherfucker. ¡Gracias, chicos! ¡Dadle su merecido al gordo mientras nosotros engullimos palomitas!

Estos días algunos medios de comunicación han dedicado páginas y páginas a los crímenes y excentricidades del Gordo de Megaupload. Como sugiriendo que algo raro hay en Megaupload si su mandamás tiene las manos tan sucias. ¿Pero qué tienen que ver las modelos húngaras y los coches deportivos del gordo con la discusión sobre Internet y la propiedad intelectual? Absolutamente nada. Solo son efectos especiales para distraer al espectador.
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